Comentario de “Las coimas del gigante alemán”, de Hugo Alconada Mon

Por Hernán Charosky

Las historias de corrupción se parecen más a una tira de Dilbert que a una del Corto Maltés. Tienen más en común con la vida cotidiana de las personas que con las vidas peligrosas de héroes y antihéroes. Los comportamientos de corrupción, sobornos, colusiones, coerciones en los negocios que vinculan al sector público y al sector privado, son frecuentemente producto de prácticas corrientes y modos de funcionamiento regular de las organizaciones en donde ocurren. Rara vez son excepciones y cuando ocurren, cuando se detectan, lo más posible es que se puedan rastrear otros casos similares. Suelen formar parte del modo de vida de organizaciones públicas y privadas, de los “modelos de negocios” de empresas, de modos de ejercicio del poder de gobiernos.

El libro de Hugo Alconada Mon “Las coimas del gigante alemán” (Planeta, 2011) es una excelente fuente de datos para constatar esta realidad. Las coimas confesadas por ejecutivos de Siemens en diversas instancias judiciales en EEUU y Alemania, que incluyen una serie de coimas distribuidas entre funcionarios de sucesivos gobiernos no son el resultado de empleados infieles que rompen con la ética empresarial ni de managers con una ambición fuera de control. Por el contrario, el pago de sobornos fue una práctica corriente y fucional a una estrategia empresaria durante décadas. Tan corriente fue la práctica que existía un mecanismo establecido sobre cómo esconder pagos ilegales bajo consultorías inexistentes de empresas fantasma con cuentas de paraísos fiscales. El mecanismo tenía gerentes especializados en la operatoria.Tan coherente fue esta práctica con los objetivos estratégicos de la empresa que, cuando se comenzaron políticas internas de integridad y compliance dirigidas a contrarrestarlas, el envión de la costumbre, pero también la fuerza de los incentivos estructurales, permitieron que los impulsos sobornadores continuaran al menos durante algún tiempo. Si a los gerentes de una empresa que hace negocios con gobiernos alrededor del mundo se les pone una meta de ganancias de por lo menos 12% anual, luego de una tradición de décadas de admitir pagos ilegales y con prácticas rutinarias para realizarlos, difícilmente no vayan a contar con la corrupción como una herramienta de negocios.

Y por otro lado, los gobiernos. El libro registra las confesiones de coimas ante instancias judiciales por los managers de Siemens a funcionarios argentinos de distinto signo político. Multas, sanciones y obligaciones de establecer mecanismos de integridad y transparencia fueron las principales consecuencias para Siemens, hasta ahora. Fueron consecuencias de acuerdos, confesiones, investigaciones y fallos de los sistemas de persecución penal alemán y estadounidense. No del argentino. Este contraste también sirve para entender otra relación, otra interfase de sistemas, ya no de empresas y gobiernos, sino entre poderes del estado. La evidencia judicial, la razonabilidad de los tiempos procesales, en los casos de corrupción, no se evalúan con criterios de sentido común, pero tampoco técnico: las verdades son relativas y los procesos se le pierden en un fárrago de medidas, esperas y razones que chocan con las claras confesiones y documentos recopilados en el exterior.

Quien quiera exponer la corrupción global y nacional más allá de las moralinas y de los escándalos tendrá que recorrer tediosos pasillos, entrevistar personalidades sociopátas y leer con atención documentos farragosos que desafían la atención de un monje zen. Alconada Mon lo hace por nosotros, y nos ofrece un libro que es una tesis sobre lo funcional que es el soborno en el funcionamiento de múltiples organizaciones. La comprensión seca, sin adjetivos, de este fenómeno es requisito para empezar a trabajar en serio sobre él.