Con lo nuestro. ¿Qué estamos esperando para llamar a las cosas por su nombre?

Una reflexión sobre la corrupción sexual.

(Nota publicada en Clarín, 2 de febrero 2026)

Hace unas semanas se hicieron públicas denuncias de abusos sexuales que tuvieron lugar en el Senado bonaerense; los ataques habrían sido cometidos dentro de oficinas del mismo Palacio Legislativo e identificarían a los agresores como funcionarios en una dinámica de complicidad ampliada dentro del mismo espacio institucional. 

Tres denunciantes, dos personas detenidas. Las víctimas habrían llegado a tener contacto con las personas denunciadas a través de la militancia política. El agresor sería un funcionario varón que actuaba con una cómplice mujer que colaboraría en la captación de las víctimas. 

Es un caso aberrante y cumple con las etapas del ciclo del escándalo: se hace público, estalla la indignación pero, al poco tiempo, se diluye el interés y desaparece de la escena. Y con su desaparición, solo quedan víctimas e impunidad. Y lo peor, no es un hecho aislado: es una práctica mucho más común y naturalizada que lo que se cree en el ámbito estatal.

Funcionarios que, desde su rol público, abusan del poder que se les confió para obtener un beneficio propio. En este caso, a través de la violencia sexual. Esto es algo que, desde Poder Ciudadano, venimos señalando hace años: la corrupción como abuso de poder delegado no siempre involucra dinero. Muchas veces implica avanzar sobre los cuerpos de mujeres y LGBTIQA+ haciendo un uso indebido de ese poder público. Este fenómeno tiene nombre: es corrupción sexual y ocurre cuando la corrupción y la violencia sexual operan juntas. 

Los datos recabados en el marco del Observatorio Reportar de Poder Ciudadano, muestran que la gran mayoría de estos hechos son perpetrados por varones en ejercicio de la función pública o del empleo público. Algunas veces esa violencia tiene forma de abuso sexual con coerción física y otras veces toma forma de coerción psicológica; en estos casos el funcionario condiciona el acceso a un derecho –un servicio público o una prestación social, tales como becas, planes sociales, viviendas, etc.– a cambio de tener acceso al cuerpo de esas mujeres y diversidades. 

Las víctimas son mayormente mujeres, niñas y niños, aunque no exclusivamente. A la vez –si bien no es el tono generalizado–, lo que se está investigando en el Senado bonaerense es una dinámica detectada en otros casos: mujeres que, aunque no necesariamente ejercen la violencia de forma directa, operan como cómplices, encubridoras y partícipes necesarias de los hechos.  

Estos delitos –porque son abuso de poder y formas de la violencia por razones de género– deben interpelarnos más allá del escándalo temporal no sólo por lo aberrante de la violencia sexual sino también porque implican el uso de los recursos públicos para ejercerla. Porque aquí el bien público que gestiona el Estado y el poder delegado operan como facilitadores de esa violencia desvirtuando la función pública y violentando la reputación del Estado como garante de derechos. Esto es corrupción, lisa y llanamente. 

Por eso es necesario revisar nuestras formas de entender la corrupción. Solemos asociarla a hechos cotidianos como las coimas a los funcionarios públicos a cambio de algún beneficio o a las grandes sumas extraídas de las arcas del Estado que van a parar a manos de privados.  

Pero la corrupción es abusar del poder delegado para beneficio propio y el dinero no es el único medio de cambio para su existencia: los derechos y los cuerpos de las personas también pueden ser utilizados y vulnerados desde el poder para beneficio personal. Y la corrupción sexual es uno de sus rostros ocultos y naturalizados y uno de los más denostables. 

¿Por qué? Porque desde el Estado se deben garantizar derechos, no violentarlos. Abusar del poder delegado para ejercer violencia sexual sobre las mujeres y diversidades es un ataque desde el Estado al bien público más fundante de la democracia: los derechos humanos. Estamos hablando del derecho a la vivienda, la alimentación, la educación, la salud, al trabajo, a una vida libre de violencias.

Y aquí queremos señalar dos cuestiones. Es un abuso de poder que propicia para los agresores el acceso impune a un “coto de caza » posible por su función y sostenido con recursos públicos. Y es un abuso de poder doblemente repudiable porque se ejerce, generalmente, sobre las personas y grupos más vulnerables.

¿Cómo defenderse del abuso de poder cuando lo comete el Estado? ¿Qué represalia no es esperable? ¿Por qué mujeres y diversidades tienen que elegir qué derecho dejar de ejercer para acceder a otros? 

 

 

 

 

 

 

 

La naturalización de estas prácticas es enorme: en todos los niveles del Estado, en todo nuestro país, hay personas denunciadas por violencia sexual en el ejercicio de sus funciones que siguen en esos cargos. Y esto es posible porque el Estado no cuenta con herramientas concretas y a veces tampoco voluntad política para sancionar a los agresores.  

Y es así como las “soluciones” más corrientes frente a la corrupción sexual están lejos de serlo: descreer de las víctimas, encubrir los hechos;  trasladar de dependencia al denunciado, despedir a la víctima, simular una desvinculación del denunciado y contratarlo en otro organismo, o presionar a las víctimas hasta que renuncian cuando se da en el marco empleo público.

Estas reflexiones nos dejan algunas preguntas urgentes ¿Hasta cuándo en nuestro Estado habrá impunidad frente a la corrupción sexual, al abuso sobre nuestros derechos y nuestros cuerpos? ¿Hasta cuándo con lo nuestro? 

Betzoid Explores Historical Trends in Italian Football Betting Analysis

Italian football has long captivated audiences worldwide, not only for its tactical sophistication and passionate fan culture but also for the intricate relationship between the sport and betting markets. The history of football betting in Italy reflects broader social, economic, and regulatory shifts that have shaped how enthusiasts engage with the game. Understanding these historical trends provides valuable insight into the evolution of betting patterns, the influence of major tournaments, and the transformation of analytical approaches that have defined Italian football wagering over decades.

The Early Years: Totocalcio and the Foundation of Italian Football Betting

The story of Italian football betting begins in 1946 with the introduction of Totocalcio, a state-run football pools system that became a cultural phenomenon. Launched in the aftermath of World War II, Totocalcio offered Italians an opportunity to predict the outcomes of Serie A matches, with participants selecting whether games would end in home wins, away wins, or draws. This system quickly became embedded in Italian society, with families gathering around kitchen tables to discuss form, injuries, and tactical matchups before submitting their coupons.

Totocalcio’s popularity peaked during the 1960s and 1970s, coinciding with Serie A’s golden age when clubs like Inter Milan, AC Milan, and Juventus dominated European competition. The betting system generated substantial revenue for the Italian state while simultaneously fostering a deeper analytical engagement with football among the general population. Participants developed rudimentary statistical approaches, tracking team performance across seasons and identifying patterns in home and away results. This era established the foundation for more sophisticated betting analysis that would emerge in subsequent decades.

The monopolistic nature of Totocalcio meant that betting trends were relatively uniform across the country. However, regional variations did exist, with northern industrial cities showing different wagering patterns compared to southern agricultural regions. These differences often reflected local economic conditions and the varying fortunes of regional clubs, demonstrating how socioeconomic factors have historically influenced betting behavior in Italian football markets.

Liberalization and the Digital Revolution in Italian Betting Markets

The landscape of Italian football betting underwent dramatic transformation beginning in the late 1990s and accelerating through the 2000s. European Union pressure to liberalize gambling markets, combined with technological advancement, fundamentally altered how Italians engaged with football wagering. The Bersani Decree of 2006 represented a watershed moment, opening the market to private operators and introducing competition to an industry long dominated by state monopolies.

This liberalization period coincided with the rise of internet connectivity and mobile technology, enabling betting operators to offer unprecedented variety in wagering options. Traditional match result predictions expanded to include goal totals, correct scores, first goalscorers, and in-play betting opportunities. The data revolution that accompanied this technological shift allowed bettors and platforms like Betzoid to explore historical patterns with unprecedented depth, analyzing decades of results to identify trends in scoring patterns, home advantage fluctuations, and team-specific tendencies across different competition formats.

The 2006 Calciopoli scandal, which saw Juventus relegated and multiple clubs penalized for match-fixing, had profound implications for betting markets. The scandal heightened awareness of integrity issues and led to stricter regulatory oversight. Paradoxically, it also increased interest in betting analysis, as participants sought to identify statistical anomalies that might indicate irregular match conditions. This period marked the beginning of more sophisticated analytical approaches, with bettors incorporating multiple data sources and developing models that accounted for variables beyond simple form and league position.

The introduction of betting exchanges in the Italian market during this era represented another significant development. These platforms allowed users to bet against each other rather than against bookmakers, creating more efficient markets where odds more accurately reflected true probabilities. Historical analysis of exchange data revealed fascinating insights into market psychology, showing how Italian bettors consistently overvalued home teams in high-profile matches and underestimated the draw probability in defensive tactical matchups characteristic of Serie A football.

Modern Analytical Approaches and Contemporary Trends

Contemporary Italian football betting analysis has evolved into a sophisticated discipline incorporating advanced statistical methods, machine learning algorithms, and comprehensive data integration. Modern analysts examine expected goals (xG) metrics, pressing statistics, positional data, and player-specific performance indicators that were unavailable to previous generations. This analytical evolution reflects broader trends in football’s tactical development, where data-driven decision-making has become central to both sporting and betting contexts.

Historical trend analysis reveals several persistent patterns in Italian football betting markets. Serie A’s reputation for tactical discipline and defensive organization has consistently resulted in lower-scoring matches compared to other major European leagues. Data spanning from the 1990s to the present shows that under 2.5 goals has been a profitable betting strategy in Serie A matches, particularly in mid-table encounters where neither team possesses strong attacking incentives. This trend has remained remarkably stable despite periodic rule changes and tactical evolution, suggesting deep-rooted cultural and strategic factors within Italian football.

The home advantage phenomenon in Italian football has shown interesting historical variation. During the 1980s and early 1990s, home teams won approximately 48-52% of Serie A matches, with passionate crowds and occasionally hostile environments providing significant advantages. However, analysis of recent decades shows a gradual decline in home advantage, accelerating dramatically during the COVID-19 pandemic when matches were played without spectators. The 2020-21 season saw home win percentages drop to historic lows, validating theories that crowd influence constitutes a substantial component of home advantage in Italian football culture.

Betting market efficiency has improved considerably over time, making it increasingly difficult for casual bettors to identify value opportunities. Historical odds analysis demonstrates that bookmaker margins have compressed in competitive markets while prediction accuracy has improved. However, certain market inefficiencies persist, particularly in less prominent competitions like Serie B and Coppa Italia early rounds, where reduced liquidity and limited analytical focus create potential opportunities for informed bettors who conduct thorough historical research.

The rise of mobile betting has transformed engagement patterns, with in-play wagering now accounting for a substantial portion of total betting volume on Italian football. This shift has created new analytical challenges and opportunities, as real-time data interpretation and rapid decision-making become crucial skills. Historical analysis of in-play markets reveals that significant value often emerges during specific match situations, such as immediately following goals or during periods when match flow contradicts pre-game expectations reflected in starting odds.

Understanding the historical evolution of Italian football betting provides essential context for contemporary analysis. The journey from Totocalcio’s simple ternary predictions to today’s complex multi-market ecosystems reflects technological progress, regulatory evolution, and the increasing sophistication of both operators and participants. As Italian football continues to develop tactically and commercially, betting analysis will undoubtedly evolve further, building upon the rich historical foundation established over more than seven decades. The patterns and trends identified through historical examination remain valuable tools for understanding present markets and anticipating future developments in this fascinating intersection of sport, statistics, and human behavior.