Poder Ciudadano participó de la Reunión del G20 en Berlin

Pablo Secchi, Director Ejecutivo de Poder Ciudadano expuso, en Berlín, ante el grupo de trabajo anti-corrupción del G-20, sobre los desafíos en materia de transparencia y lucha contra la corrupción a nivel global

Es la primera vez que este grupo reúne al G-20, B-20 (sector privado), y C-20 (sociedad civil) en una misma reunión y se invita como ponente una organización de la sociedad civil. La presentación de Poder Ciudadano hizo hincapié en el impacto de la corrupción en la calidad de vida de la ciudadanía, el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los desafíos de los gobiernos y sector privado en la lucha contra la corrupción.  Argentina asumirá la presidencia del G-20 durante el 2018, y desde la sociedad civil sostenemos la necesidad de mantener vigente la agenda de lucha contra la corrupción en este espacio.

Aquí la traducción al español del discurso pronunciado por nuestro Director Ejecutivo:

El 22 de febrero de 2012, en Buenos Aires, el tren número 16 de una línea interurbana no se detuvo en la estación terminal. 52 personas estrellaron sus ilusiones, sus vidas y las de sus familias contra el final del andén número 2 de la estación. En ese momento, cuando comenzó a salir a la luz la verdad sobre la forma en que se administraba y controlaba la concesión de los trenes, en Argentina se comenzó a escuchar por todos lados una máxima tan real como aquellos 52 muertos. La corrupción mata.

La corrupción mata, y si no mata, arruina la calidad de vida de los ciudadanos. Como decimos en Argentina cada vez que hablamos y explicamos la pésima ubicación de Argentina en el Índice de Percepción de la Corrupción,  la corrupción es un tango que para bailarlo se necesita a dos bailarines.  Y si la sociedad civil no reacciona, si no participa, si no exige transparencia, posiblemente será quien ponga la música para ese baile.

De más está decir que la ubicación de Argentina en ese ranking es peor que el resultado de cuando Argentina enfrenta a Alemania en los mundiales de fútbol. En el ranking que se presentó hace unas horas, mi país obtiene 36 puntos sobre 100 posibles. El desafío es enorme.

Pero algunas buenas noticias tenemos. Luego de 12 años de un gobierno que invisibilizó los reclamos de la sociedad civil en materia de transparencia y lucha contra la corrupción, durante el último año hemos avanzado en algunas cosas. Después de muchos años de reclamarlo, Argentina tiene su primera ley nacional de acceso a la información pública. Herramienta fundamental para saber qué hace el Estado con nuestros recursos. También se ha sancionado una ley de colaborador eficaz, para aquellos que se arrepienten de hechos de corrupción o tienen información para colaborar con la justicia. Ley que ha producido un terremoto político en Brasil en el caso de corrupción en la obra pública.  Ahora habrá que trabajar para que el acceso a la información y la colaboración en las causas de corrupción pasen de ser leyes a ser realidades. En nuestro país, como en gran parte de Latinoamérica, la distancia entre las normas y las prácticas es extensa.

Para seguir por el camino de las buenas noticias, espacios como el G-20, el Open Goverment Partnership, y la cumbre anti-corrupción de Londres, han puesto en la agenda internacional la necesidad de asumir compromisos para luchar contra este flagelo desde los Estados, como también la necesidad de que existan mecanismos de seguimiento para que la sociedad civil pueda controlar el cumplimiento de esos compromisos.

El objetivo 16 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, también es una  gran señal de que el mundo se desafía a sí mismo en materia de lucha contra la corrupción y fortalecimiento de las instituciones. Habla de “Reducir sustancialmente la corrupción, y el soborno en cada una de sus formas”. Porque indudablemente afecta a los demás objetivos. La corrupción genera pobreza, profundiza el hambre, empeora la salud, afecta la calidad de la educación, contamina ríos y quema bosques, frena el crecimiento de los países, favorece el terrorismo, y en muchos casos, termina matando.

Para que finalmente dejemos de ver al tango como ejemplo de corrupción, debemos comprometer a Gobiernos y sector privado en algunas cosas.

El video del momento de la exposición: